INEDI·POSGRADOS
Ensayo · Educación & propósito

Vivimos en un mar de incertidumbre con apenas pequeños islotes de certeza. Sobre por qué educarse — con dirección y propósito — sigue siendo la forma más pragmática de enfrentar esa incertidumbre.

Blog José de la Roca Huamán Lectura · 5 min
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El ser humano construye narrativas, instituciones, tecnologías y sistemas para enfrentarse al miedo. Pero la previsibilidad total es una ilusión.

El ser humano construye narrativas, instituciones, tecnologías y sistemas para enfrentarse al miedo. Sin embargo, la realidad sigue manifestándose como un mar de incertidumbre con apenas pequeños islotes de certeza. Cuando advertimos lo ilusoria que resulta esta búsqueda de previsibilidad casi total, comenzamos a desarrollar capacidades para actuar dentro de esos archipiélagos. La educación y el trabajo, actividades formadoras del ser humano, nos han ofrecido durante mucho tiempo marcos de estabilidad. No obstante, la acumulación de cambios y la rotación de paradigmas han revelado sus limitaciones. De un lado, la memorización sin comprensión del estudiante que repite la lección dentro del modelo prusiano. Del otro, la ejecución a ciegas del trabajador que opera sin comprender siquiera un subsistema como el tributario laboral y sin producir valor añadido dentro del modelo fordista. Ambos terminan cosificados, convertidos en herramientas útiles mientras funcionan y descartables cuando dejan de hacerlo.

Entre el 85% y el 90% de los participantes de nuestros focus groups en INEDI responde lo mismo: estudio para crecer.

Focus groups internos — INEDI Posgrados

Desde esta perspectiva, crecer significa reducir la distancia entre las exigencias y rigores del mercado y nuestra capacidad para responder, resolver y producir valor. El miedo aparece ante la posibilidad de no ser suficientes, volvernos irrelevantes o fracasar en ese desafío. Educarse se presenta como una de las formas más estructuradas y empoderantes de enfrentarlo. Por supuesto, educarnos implica mucho más que consumir pasivamente datos que, a lo sumo, tendrán vigencia durante cuatro semestres. Significa someter nuestros modelos de conocimiento, trabajo y producción a los estresores más diversos e intensos que ofrecen los sistemas en los que participamos. La parte favorable consiste en que podemos hacerlo dentro de un ambiente controlado, donde los hallazgos se recogen con eficiencia, los errores se delimitan con claridad y las soluciones pueden formularse antes de que los problemas adopten sus formas más costosas.

Vivimos en una sociedad de uso y descarte. Una tecnología, un proveedor o un colega dispuesto a cobrar menos pueden reemplazar mañana aquello que hoy parecía indispensable. Por eso necesitamos metas. Sin ellas, la educación se convierte en acumulación y almacenamiento. El trabajo intelectual, si no se aplica ni se articula con cadenas productivas capaces de generar servicios rentables y escalables, difícilmente transformará nuestra vida. Con metas, en cambio, el conocimiento adquiere dirección. Estudiamos para atender mejor a un cliente o mercado, prevenir una contingencia costosa, asumir una responsabilidad mayor o crear un servicio que antes no podíamos ofrecer.

Nadie es absolutamente insustituible. Sin embargo, algunas personas llegan a ser tan competentes, confiables y singulares que reemplazarlas representa un costo y un riesgo. Ese es el norte que queremos alcanzar. Esta idea resulta especialmente importante para las clases trabajadoras y medias. A diferencia de quienes poseen grandes activos, herencias multigeneracionales o redes de poder, estos profesionales dependen principalmente de su capacidad productiva personal y de los equipos que logran formar. Su patrimonio está constituido por oficio, reputación, criterio, relaciones profesionales y capacidad para producir valor.

Finalmente, educarse no eliminará la incertidumbre, el desempleo ni la posibilidad del fracaso. Tampoco producirá una vida sin miedo. Pero ampliará nuestra capacidad para enfrentar activamente esas amenazas. Podemos aprender, adquirir habilidades, someter nuestros conocimientos a prueba, descubrir sus límites y reconstruirlos. Estudiar es una afirmación pragmática que desterritorializa el miedo de nuestra conciencia y nos proporciona, de manera sostenida, un propósito coherente con la versión de nosotros mismos que buscamos construir.

INEDI Posgrados

Estudiar con dirección es la forma más pragmática de perder el miedo.

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